Siguiendo los pasos de Saint-Exupery…

pk-antes-de-la-salida-5En 1926, el piloto y novelista Antoine de Saint-Exupéry empezó a trabajar para la compañía Latécoère, como piloto comercial, operando la primera línea regular de transporte aéreo de correos, prestando servicio entre Toulouse y Dakar, haciendo escalas en varias ciudades, entre las cuales estuvo Alicante.

Por: Chrystelle Launai

Desde 1983, todos los años durante el mes de septiembre, una flotilla de aviones ultraligeros despega de Toulouse con destino San Luis de Senegal, en homenaje a los pioneros de la aviación y al papel esencial que desempeñaron en el sector, cuyo desarrollo fue indudablemente más rápido que la de cualquier otro medio de transporte.

Para la edición 2016, el rally, organizado por la asociación AIR AVENTURE, tuvo lugar del 17 al 30 de septiembre. Con una ruta de más de 10.000 kilómetros ida y vuelta, se trata del mayor rally aéreo en lo que se refiere a la distancia recorrida. Además del recorrido en sí, cada día se proponen unos retos lúdicos a los participantes: pruebas de aterrizaje de precisión, de orientación, de optimización de consumo, quiz de conocimiento, etc…

llegada-1llegada-3Siendo fiel a la ruta histórica, la flotilla voló de Francia a Senegal, parando en varios lugares de España, Marruecos y Mauritania. Tras una parada técnica en Castellón, la primera escala de la ida se hizo en Alicante donde pernoctaron antes de tomar rumbo a Marruecos. En mi calidad de representante en España de Air Courtage, siendo la correduría de seguros de aviación quien intermedia la cobertura de seguros del evento, tuve el placer de asistir a la llegada en el aeródromo de Muchamiel (Alicante) de las 17 aeronaves que participaron al rally este año, y acoger a los pilotos y acompañantes.

Para algunos, era una primera experiencia, otros repiten todos los años, incluso un piloto veterano me comentó que era su 24º rally a Senegal. Los participantes son principalmente franceses pero otros países europeos estaban representados, así como un ciudadano norteamericano. “Hasta la fecha, el rally no ha acogido a ningún piloto español, pero esperamos que quizás el año próximo…” me comentan los organizadores.

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A principios del siglo XX, volar era una actividad peligrosa, y muchos de los pioneros, Saint-Exupéry, Guillaumet, Mermoz y tantos otros, perdieron la vida desafiando los elementos y dejando su destino en mano del funcionamiento, a veces “aleatorio”, de la mecánica de entonces:  “A menudo, de repente, sin previo aviso, con un estrépito de vajilla rota, [los motores] nos abandonaban y había que dirigirse hacia la rocosa corteza de España, que no ofrecía casi ningún refugio. «Aquí – solíamos decir – cuando se rompe el motor, al avión, por desgracia, no tarda mucho en ocurrirle lo mismo»”[1]

Los aviones tenían que despegar independientemente de las condiciones meteorológicas, a pesar de no estar equipados de instrumentos precisos para medir la altitud o la ubicación. Los caprichos de los cielos no podían realmente anticiparse, tocaba aceptarlos con un cierto fatalismo y afrontarlos con mucha fe: “Las tormentas, la bruma, la nieve, todo eso te fastidiará de vez en cuando. Piensa entonces en todos los que, antes que tú, han pasado por ello y convéncete diciendo: lo que otros han conseguido, yo también puedo conseguirlo.”[2]

A estas dificultades se sumaban la escasez de infraestructuras y la cartografía inadecuada. Los aviadores sacaban sus más valiosas enseñanzas en cuanto a la seguridad aérea del compañerismo: aprendían compartiendo sus experiencias. Saint-Exupéry evoca los consejos que le dio antes de su primer vuelo a España el famoso Henri Guillaumet, su amigo y compañero al que le dedica su obra literaria Tierra de los Hombres:

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“Pero ¡qué extraña lección de geografía recibí entonces! Guillaumet no me enseñaba España; él convertía España en una amiga. No me hablaba de hidrografía, ni del ganado, ni de la población. No me hablaba de Guadix, sino que de los tres naranjos que, cerca de Guadix, bordean un campo: «desconfía de ellos, márcatelos en el mapa…». Y en mi mapa, desde aquel momento, los tres naranjos eran más importantes que Sierra Nevada. No me hablaba de Lorca, sino de una humilde granja cercana a Lorca. De una granja viva. Y de su granjero. Y de su granjera. Y aquella pareja, perdida en el espacio, a mil quinientos kilómetros de nosotros, adquiría una importancia enorme. Instalados, como vigilantes fareros, en la ladera de la montaña, estaban prestos bajo las estrellas, para socorrer a otros hombres.

Así rescatábamos del olvido, de una inconcebible lejanía, detalles olvidados de todos los geógrafos del mundo. Sólo el Ebro, porque riega grandes ciudades, interesa a los geógrafos. Pero no ese arroyo escondido bajo la hierba al oeste de Motril, ese padre adoptivo de una treintena de flores. […] «desconfía de este arroyo, hace que el campo sea inservible… Anótalo en el mapa…» ¡Claro que iba a acordarme de la serpiente de Motril! Parecía inofensiva, como si con sus murmullos sólo encantara a algunas ranas, pero dormía con un ojo abierto. […]

flag-2También esperaba a pie firme a esos treinta borregos en formación de combate, desplegados allí, en el flanco de la colina, prestos a cargar […]

Así, poco a poco, la España de mi mapa se transformaba bajo la lámpara en un país de cuento de hadas. Yo marcaba con una cruz los refugios y las trampas. Señalaba al granjero, los treinta borregos, el arroyo. Colocaba en el lugar preciso a aquella pastora menospreciada por los geógrafos.”[3]

Cuando se estrellaban, muy a menudo los daños eran esencialmente materiales, pero entonces se enfrentaban a otros tipos de peligros: en el continente africano les cogían como rehenes, o si chocaban en el desierto, la deshidratación era la mayor amenaza.

Afortunadamente, los participantes a la ruta conmemorativa siguen los pasos de Saint-Exupéry con las condiciones óptimas que ofrece la aviación contemporánea, y bajo ningún concepto se deja la seguridad de los vuelos en manos de la providencia.

los-organizadoresTodos se empeñan a lograr la máxima seguridad, ya que la práctica del ocio no debe conllevar ningún riesgo que se pueda prevenir. Las aeronaves están perfectamente mantenidas y equipadas para efectuar la ruta. Antes de cada despegue, los organizadores recopilan las condiciones meteorológicas para el vuelo, y las comunican y comentan durante las reuniones de pilotos previas. En función del parte, se define una altitud indicativa de vuelo, y la hora de salida. Asimismo, se estudian meticulosamente las cartas de la zona. La primera y última avioneta que despegan son las de los organizadores. De esta forma, los que llegan al destino primero pueden avisar al resto de la flotilla de cualquier circunstancia que no estaba prevista. El itinerario es indicativo, y sujeto a cualquier cambio si las condiciones no son propicias.

reunion-de-pilotosSin embargo, nuestros aventureros del siglo XXI tienen expectativas semejantes a las de sus pares del siglo anterior: les anima la misma pasión por volar. Y el entusiasmo por descubrir nuevos lugares, el compañerismo de los participantes unidos por la misma afición, recuerdan los relatos del novelista en sus diversas obras autobiográficas y correspondencias.

Si el peligro en la época de los pioneros era una constante, representaba una condición con la que se tenían que conformar, y no un aliciente que aportaba más sustancia a la actividad. Tras haber sufrido un accidente con su mecánico, Saint-Exupéry lo describe claramente lo que le ata a su actividad, rememorando sus pensamientos mientras, después de tres días en el desierto sin agua, pensaba que estaban viviendo sus últimas horas:

“Estamos en contacto con el viento, con las estrellas, con la noche, con la arena, con el mar. Hacemos trampas a las fuerzas de la naturaleza. Esperamos el alba como el jardinero espera la primavera. Aguardamos la escala como una tierra prometida, y buscamos la verdad en las estrellas. […].

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Soy feliz con mi oficio. Me siento campesino de las escalas. ¡Mi agonía en el tren de cercanías es tan diferente de la que siento aquí! Aquí, después de todo, ¡qué lujo!

No lamento nada. He jugado, he perdido. Son gajes del oficio. Pero, a pesar de todo, yo he respirado el viento del mar.

Quienes lo han saboreado una vez no olvidan este alimento. […] Y no se trata de vivir peligrosamente. Esa fórmula es pretenciosa. […]. Lo que yo amo no es el peligro, es la vida.”[4]

[1] Tierra de los Hombres, Antoine de Saint-Exupéry, traducción de Gabriel Ma Jordà Lliteras, Edición Círculo de Lectores, 2000

[2] Tierra de los Hombres, Antoine de Saint-Exupéry, traducción de Gabriel Ma Jordà Lliteras, Edición Círculo de Lectores, 2000  –  citando Guillaumet

[3] Tierra de los Hombres, Antoine de Saint-Exupéry, traducción de Gabriel Ma Jordà Lliteras, Edición Círculo de Lectores, 2000

[4] Tierra de los Hombres, Antoine de Saint-Exupéry, traducción de Gabriel Ma Jordà Lliteras, Edición Círculo de Lectores, 2000

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