¿Y de segunda mano?

(¡Me compro un avión! Segunda parte)

Un avión bien mantenido puede permanecer en perfecto estado de vuelo pese a la edad.

Comprar un avión de segunda mano puede ser una buena opción en principio. Un menor coste inicial, y la posibilidad de dar con una auténtica ganga, son poderosas razones que impulsan a no pocos pilotos a rebuscar entre anuncios y aeródromos el avión soñado por mucho menos de lo esperado, pero cuidado; No es oro todo lo que reluce…

Texto: Jordi Mateu i Valls
Fotografías: archivo Jordi Mateu

Si en la pasada entrega  reflexionábamos sobre los aspectos a tener en cuenta a la hora de adquirir un avión nuevo, no son menos las cábalas que tocará hacer si vamos en busca de un avión usado. De hecho, si exceptuamos la elección entre avión montado o kit, todas las consideraciones que efectuamos en el anterior capítulo son válidas para este caso.

Exceptuando aquellos que son coleccionistas de aviones “vintage”, y por ende deben recurrir al mercado del avión usado forzosamente -y por otra parte, suelen ser grandes expertos-, la elección de un avión de segunda mano es una ardua tarea en la que podemos acabar llevándonos gato por liebre al mínimo descuido. Así se lo hice saber a mi amigo en el mismo instante en que me confesó su intención de buscar en el mercado de usados.

El perfecto funcionamiento de las partes móviles y la ausencia de corrosiones son un buen indicador del mantenimiento recibido.

A qué debemos prestar atención (y a qué no)

Hemos localizado, ya sea por un anuncio u otra vía,  un avión que podría interesarnos. Obviamente, debemos examinarlo “in situ” para saber si responde a los criterios que nos hemos preestablecido y, sobretodo, para determinar si en caso de adquirirlo nos va a proporcionar horas y horas de satisfacción o muchos quebraderos de cabeza. Si además podemos hacernos acompañar de un TMA de confianza, la visita puede resultar de lo más fructífera.

Un avión cuidado y limpio constituye una excelente tarjeta de visita, pero no debemos dejarnos deslumbrar por un aspecto imponente. Cualquiera que desee vender un avión -o un coche- sabe que una buena presencia ayuda a ocultar otros aspectos “menos favorecedores”. Ni que decir tiene que un avión lleno de polvo y cubierto de excrementos de ave denota dejadez, meses o acaso años de hangaraje, y debe hacernos huir como alma que lleva el diablo, pero tampoco debemos confiarnos ante un avión impoluto. No olvidemos que estamos ante un avión de segunda mano.

Sin duda, el aspecto exterior resulta importante, pero más que una tapicería raída -que no obstante habrá que tener en cuenta para sumar el gasto del tapicero- lo que interesa conocer es el estado general del avión. Para ello, nos fijaremos en detalles que aunque pueden parecer nimios, tienen importancia.

Dejarnos llevar en exceso por la información de los anuncios puede acarrear desagradables sorpresas al comprobar la realidad.

Golpes en los bordes de ataque pueden indicar un bird strike, del mismo modo que un número inusual de mellas en la hélice (dependiendo del potencial de ésta) denotan un uso frecuente en pistas no asfaltadas.

Pérdidas de aceite, de hidráulico o de combustible -excepto las que se producen por el enrase del depósito cuando está lleno- deben hacernos sospechar. Todas ellas son fácilmente detectables si solicitamos ver el avión en un hangar con el suelo limpio, o conseguimos que nos lo dejen “tener en observación” en un lugar controlado durante 24 horas. Debemos exigir poder examinar el motor libre de capotas y carenados.

El aspecto de la pintura, los plásticos y la transparencia de las lunas, también nos indicarán si el avión ha sufrido largas estancias en plataforma, expuesto a la radiación solar y los cambios de temperatura. ¡Ni qué decir tiene que revisaremos la máquina con el mismo esmero y atención con que efectuaríamos un pre-vuelo!

En la adquisición de un avión de segunda mano conviene conocer los usos anteriores que haya tenido.

Lo que no podemos pasar por alto

Fundamental conocer la matricula del avión, ya que a partir de ella podremos conocer un montón de datos importantes. Cuantos dueños ha tenido; percances de consideración -especialmente aquellos que afectaron a la integridad de la célula-, o a que usos se ha dedicado el aparato, si no procede de un particular.

El fuselaje debe presentar un buen aspecto. Cualquier deformación visible debe nuestras sospechas.

Debemos estar seguros de que el avión tiene los papeles en regla. Para ello solicitaremos ver la documentación del aparato, libro de motor o motores, libro de mantenimiento (convenientemente sellado indica la realización de los trabajos indicados por el fabricante para cada ciclo) certificado de aeronavegabilidad, seguros, etc…

Es fundamental asegurarnos de que el avión “está en vuelo”, de que potencial dispone (célula, motor/es, hélice…) y que tiene toda la documentación pertinente antes de abonar cantidad alguna, si es necesario acudiendo a la Autoridad aeronáutica competente.

De no cumplirse estos requisitos, y si a pesar de todo nos hemos encaprichado, será  preciso conocer en qué situación exacta está el aparato, ya que habrá que prever un papeleo -y gasto- extra, y a pesar de todo, tal vez el avión no vuelva a estar nunca en condiciones de volar.

Cuando inspeccionemos el aparato, seremos especialmente cuidadosos en detectar cualquier deformación visible de la célula o las alas, señal inequívoca de accidente, así como cualquier soldadura sospechosa.

Los aviones embargados pueden ocultar graves problemas de conservación.

Cuidado con los embargos              

Un recurso bastante utilizado para hacerse con un avión a bajo precio es recurrir a las subastas de aparatos procedentes de embargos. Debemos tomar toda clase de precauciones en estos casos.

En general suele tratarse de aparatos procedentes de escuelas que han quebrado, con lo cual el uso anterior de los aviones habrá sido intensivo y arduo, o de particulares o empresas que no han podido hacer frente a los costes.

El aspecto de las transmisiones y del motor deben ser impecables.

En el primer caso, estamos frente a aviones que han sido tratados -y en ocasiones maltratados- por pilotos inexpertos en sus vuelos de prácticas en pos de la obtención de un título. Ojo. En el segundo, quizás demos con una auténtica ganga. Un avión con pocas horas de vuelo, que ha recibido un buen trato por su anterior dueño, y que las circunstancias del destino nos han puesto “a tiro”. Estos casos, por desgracia, no abundan.

En todos los casos, tenemos que ser conscientes de que nos hallamos ante aviones que fácilmente llevan años embargados, expuestos en muchos casos a la intemperie en algún campo de vuelos, y que pueden haber sufrido un proceso de “canibalización” para obtener repuestos -con el riesgo de que compremos un avión al que “le faltan piezas”- eso sin obviar el caso, no infrecuente, de aviones mutilados exprofeso por sus propios ex-dueños por aquello de “si no es mía, de la tumba fría”.

En resumen, la adquisición de un avión nunca puede ser una compra compulsiva sino una decisión meditada. Si además, nos decantamos por un aparato de segunda mano o nos ha robado el corazón un “clásico” de esos que ya no se fabrican, adelante. Seguro que nos proporcionarán en uno u otro caso horas y horas de satisfacción, pero cuidado. Como le dije a mi amigo “No es oro todo lo que reluce… ”

No dejemos de probar el avión en vuelo antes de formalizar cualquier entrega a cuenta.

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