“¡Me compro un avión!” (I)

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Adquirir un avión no es tarea fácil. Estamos ante una inversión considerable que requiere un análisis concienzudo, máxime si tenemos en cuentas que bien mantenido un avión (o un helicóptero) puede durarnos un montón de años. De lo acertado de la elección dependerá que esos años estén llenos de satisfacciones o no.

Texto: Jordi Mateu i Valls
Fotografías: archivo Jordi Mateu

Hace pocos días, un buen amigo me sorprendió con esa misma afirmación que encabeza esta entrega: “¡Me compro un avión! Lo tengo decidido” -me dijo- “quiero volar mi propia aeronave.”

Esa afirmación me llevó a reflexionar sobre una decisión más frecuente entre pilotos de ULM que de Aviación Ligera, pero igualmente profunda e importante: Dejar la relativa comodidad del alquiler para afrontar todas las responsabilidades que conlleva ser propietario.

En cierto modo, lo que sigue viene a ser un resumen de la larga charla que siguió a la confesión de mi amigo. Debo decir que voy a dedicar esta primera entrega a la compra de un avión nuevo y dejaré la segunda mano para más adelante.

Una elección importante, en función del uso final: ¿Ala alta o baja?

Una elección importante, en función del uso final: ¿Ala alta o baja?

¿Para qué lo quieres?

Fue lo primero que le pregunté a mi buen amigo. Se trata de una pregunta importantísima que a menudo no llegamos a formularnos. No debemos dejarnos llevar por aspectos superficiales que a menudo dependen más del buen hacer del director de marketing de la firma fabricante y/o distribuidora que de una reflexión concienzuda.

Un avión deportivo posiblemente requiera de un buen nivel de fineza en el pilotaje.

Un avión deportivo posiblemente requiera de un buen nivel de fineza en el pilotaje.

Obviamente, no es lo mismo un avión deportivo o semi-acrobático que un aparato destinado a dar paseos o pequeños viajes con la familia. Si éste último es el destino que vamos a dar a nuestro avión, tal vez sea interesante buscar un modelo de ala alta con mayor visibilidad panorámica que permita un mejor disfrute del paisaje.

Por el contrario, si lo que queremos es un aparato rápido y aerodinámicamente muy eficiente, o iniciarnos en el fascinante mundo de la acrobacia, habrá que buscar entre los numerosos modelos VLA que ofrecen estas características o en algún aparato de categoría “aerobat” que permita realizar las maniobras básicas de la acrobacia.

Otro aspecto importante -y que incide en el coste de manera notable- es el equipamiento. De poco sirve, a no ser para invertir dinero inútilmente, la adquisición de una aeronave equipada con los últimos avances en aviónica si nos vamos a dedicar a efectuar vuelos visuales “de palomar”.

La instrumentación admite numerosas variables en función de lo que necesitemos y queramos invertir.

La instrumentación admite numerosas variables en función de lo que necesitemos y queramos invertir.

Los “extras”

Tenemos que aprender a discernir entre lo que resulta imprescindible y lo que será superfluo en el cockpit, en base al tipo de vuelo que pretendemos practicar. No hace falta un equipamiento “full IFR” si vamos a volar en visual.

Una cabina analógica, complementada o no con elementos "glass cockpit", puede resultar suficiente para nuestros propósitos.

Una cabina analógica, complementada o no con elementos “glass cockpit”, puede resultar suficiente para nuestros propósitos.

Disponer de ILS o RMI puede resultar muy útil, pero si operamos desde y hacia campos sin este tipo de ayudas en zonas no controladas a lo mejor nos lo podríamos ahorrar… En general los fabricantes admiten una larga lista de extras entre los que elegiremos aquellos que sean realmente útiles a nuestros propósitos. Siempre estamos a tiempo para incorporar novedades.

Por último, a la hora de reflexionar para qué queremos o para qué usos deseamos adquirir tal o cual aparato, resulta fundamental que hagamos autoexamen de nuestras propias capacidades. Existen aviones dóciles, que perdonan casi cualquier error -el C172 es paradigma de eso- y aviones exigentes, que requieren un alto nivel de pilotaje. Demasiado a menudo he sido testigo de cómo, sin transición, un piloto novel e inexperto tras obtener su titulación adquiría una aeronave de altas performances y acababa pagando cara su osadía. Compremos un avión que podamos dominar, no uno que acabe dominándonos.

Las ferias aeronáuticas son un buen lugar para poder comparar entre distintos modelos

Las ferias aeronáuticas son un buen lugar para poder comparar entre distintos modelos

El precio

Hoy en día podemos ser propietarios de un avión por una amplia gama de precios que van desde el equivalente a un coche de tipo medio-alto hasta…. ¡la imaginación es el límite! De ahí la importancia de decidirse por el avión que cubra nuestras necesidades antes que dejarse deslumbrar por la publicidad.

Como ya he dicho anteriormente, los elementos accesorios pueden incrementar notablemente el precio final, pero no son los únicos factores que debemos considerar. El transporte -especialmente si el aparato realizará en un ferry largo-, hangaraje, matriculación, seguros y el “papeleo” no son cuestión baladí. Vale la pena sospesar si resulta más favorable económicamente matricular en España o en otro país de la zona JAR. Puede salir más económico -de hecho, es así- pero a costa de exponernos a ciertos contratiempos por parte de la Administración española.

Conviene conocer asimismo, si en el precio va incluida la “suelta” o el cursillo de acomodación. Esto es especialmente importante si vamos a realizar una transición entre -por ejemplo- un sistema analógico y un G1000.

El capítulo del mantenimiento merece comentario aparte. La normativa actual -y recalco lo de “actual”, porque eso va a cambiar en breve si nadie lo remedia- encarece de modo considerable el mantenimiento de las aeronaves clasificadas como “ligeras” con respecto a los ULM, que por otra parte poco tienen que envidiar a las primeras actualmente. La necesidad de cumplir ciertos requisitos legales, tanto para los componentes como para los mecánicos (TMA) hacen que el mantenimiento de un ULM pueda llegar a ser hasta un 40% más económico que en aviones sujetos a la certificación “standard”, pero repito, eso puede tener los días contados.

Por último, la decisión de una motorización tradicional con combustible AvGas -que en Europa tiene fecha de caducidad-, con gasolina de automoción, diésel, o la aún incipiente posibilidad de incorporar un motor auxiliar híbrido, también es digna de ser tenida en cuenta. A la diferencia de costos del carburante hay que añadir el precio de la planta motriz, su calendario de mantenimiento y su potencial en horas de uso. ¡Ahí es nada!

La opción de adquirir un kit resulta muy atrayente para los "manitas".

La opción de adquirir un kit resulta muy atrayente para los “manitas”.

¿Avión acabado o kit de construcción?

Mientras no cambien las cosas, la posibilidad de adquirir el avión montado o en kit es una elección en manos del comprador. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes. Adquirir el avión “llave en mano” tiene el atractivo de que nos ahorraremos largas horas de taller, y que podremos irnos al aire así que hayamos puesto carburante…Y hayamos liquidado la numerosa burocracia que rodea a todo lo que vuela en este país.

En el caso del kit de montaje no evitamos la burocracia -incluso podríamos decir que se incrementa- pero a cambio tendremos la satisfacción de haber creado con nuestras propias manos una pequeña maravilla, que además podremos pilotar.

Obviamente el montaje está tutelado por el fabricante en todo momento, y el motor viene ya listo para colocar en la bancada, pero el resto, sobre todo si sois unos “manitas”, os llenará de profunda satisfacción.

Poco antes de finalizar este artículo nos enteramos que la Administración quiere introducir cambios en la construcción amateur que acaso afecten al montaje de kits, de modo que estar al corriente de las últimas noticias en este aspecto resulta fundamental si finalmente queremos emprender la aventura de construir nuestros propio avión.

Tras todas estas reflexiones, que mi amigo siguió atentamente si decir ni pío, hice una pausa que él aprovechó para espetar: “¿Y si me lo compro de segunda mano…?” Eso -le dije- forma parte de la próxima entrega.

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