El Titán T-51 de José Luis Díez

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Para esta segunda entrega de El Avión del Piloto traemos algo bastante insólito en nuestro país: una preciosa réplica 3/4 del famoso P-51 Mustang, construcción amateur, de un cadillac del cielo. José Luis nos enseña orgulloso el fruto de su trabajo, esfuerzo y pasión. Él es el fontanero volador.

Calor abrasador de julio en el campo de vuelo de Griñón. Al fondo de un hangar poblado de diversos modelos de ultraligeros y autogiros se destaca la silueta del Titan T-51. La semi-oscuridad, su altura y sus superficies metálicas impecables hacen que, al no haber cerca una figura humana para contrastar, la réplica deje de serlo por unos instantes. Luego, después de deshacerse la magia, la atracción continúa intacta: es perfecto. Empujamos el avión a la plataforma. Solo la cúpula y la hélice marcan diferencia con el modelo original. Bueno, eso y el tamaño general.

A pesar de su agresivo aspecto, el avión promete ser dócil y manejable. Suave en las tomas merced a unos bien pergeñados y grandes flaps de accionamiento eléctrico y con una carrera de despegue mínima que le permite operar cómodamente desde pistas cortas. En el aire es rápido, no podía ser de otra manera, y su cabina con capacidad para un segundo ocupante tiene doble mando. Y cuando digo doble mando, me refiero a la mínima expresión de lo que puede se puede entender por “doble mando”: una mini palanca y pedales, nada más. El tren es totalmente replegable y escamoteable.

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José Luis es sobre todo una persona orgullosa de su avión. No es para menos. Además de bonito, lo ha hecho él. Pero también es un tío agradecido que en cuanto tiene oportunidad quiere dar las gracias a los amigos que “muchas veces tenía que tirar de ellos. Había cosas que yo solo no podía montar o colocar. Así que le doy las gracias a Raúl, a Ángel Serrano, a Carlos y a Indalecio que ha sido el artista de la decoración del avión. A todos ellos y alguno más que seguro que se me está olvidando, muchas gracias”.  Y añade dirigiéndose a una persona que no está delante: “Toñi, mi amor, muchas gracias por tu paciencia”. Intuyo que se trata de su mujer.

Con la licencia ULM recién conseguida, José Luis tomó una opción diferente para desarrollar su futuro como piloto. “La decisión de hacerme un avión no fue difícil, pues ya tenía referencias por amigos de la Asociación de Constructores Amateur. Lo difícil fue decidir que avión podría hacer. Una vez Ángel Serrano me enseñó una revista donde pude ver un Mustang en madera y tela. Me puse  como loco de contento, y fue cuando empecé a ver mi ilusión, que podía conseguirlo”. Pero antes de ni siquiera empezar la construcción, llegaron las primeras impresiones del exterior, no siempre halagüeñas, “muchas personas, amigos, familiares, me dijeron que estaba como una cabra. Todos me preguntaban, ¿sabes algo de ingeniería para hacer ese proyecto? Pues NO: yo soy fontanero…” Claro, que ser fontanero no es mal punto de partida para meterse en semejante fregado. Al fin y al cabo, herramientas, recursos y habilidad se le suponen; tanto o más que el valor necesario. No en vano han sido 3.500 horas de trabajo (¡87 semanas laborales de a 40 horas!). “Para poder llegar a terminar un proyecto como este, lo primero es estar ilusionado con el ello. Después tener una constancia a prueba de bombas. Digo esto porque seis años construyendo un avión implica a terceras personas, por ejemplo: mi mujer, que la valiente ha tenido que soportar muchas horas sin verme, sin poder salir al cine, de paseo… Algunas noches me han llegado a dar las dos de la madrugada en un hangar a la afueras del pueblo… muy duro para ella”.

Pero claro, en el esfuerzo y tesón también hay recompensas. Y muy importantes, por cierto, o al menos para el fontanero volador así es: “Mira, la sensación de ver como todos esos hierros, chapas, tornillos y remaches se van uniendo y vas viendo como se transforma en un cuerpo robusto con una línea preciosa, majestuosa… eso para mí ha sido como ver crecer a un hijo, dándole todos los mimos posibles, procurando que no le faltase nada, vamos, lo que digo: como un hijo”. No quiero ni pensar en cifras: ni en las que ha costado esta réplica de la casa Titán (en fabrica dicen que es posible tenerlo en el aire por 90.000$), ni mucho menos en lo que costaría un original. Pero está claro que si alguien quiere tener uno de los dos, tendrá que esforzarse. Él lo ha hecho, pero ¿por qué? “Desde pequeño me ha gustado ese maravilloso avión. Viendo que se podía comprar en kit no lo dudé ni un minuto, una vez desechado el de madera, y viendo que había una fabrica que los hacían en aluminio y biplaza, y además las prestaciones eran fenomenales, pues lo encargué y en cuatro meses  lo tenía en Griñón”. Maticemos un poco: lo que tenía en Griñón era un enorme contenedor lleno de piezas. De esto hace más de 6 años…

Tengo un Mustag en el hangar
Aquí, en España, no somos muy dados a este tipo de monturas. Se cuentan con los dedos de las manos los ejemplares que vuelan aquí: Storch, Se5A y Mustang. Fuera, en el extranjero, son mucho más frecuentes y existen asociaciones, montadores e incluso grupos temáticos. En realidad se pueden ver volar aviones con la estampa similar a prácticamente cualquier modelo de los que hicieron historia durante la primera y segunda guerras mundiales, desde el frecuente Fokker Dr-1 hasta cualquiera de los grandes cazadores del 39-45: Messers, Spits, Hurricanes, Thunderbolts, Corsairs… la lista es muy larga. La afición aeronáutica de nuestra tierra es mucho más purista y puede ser que este tipo de iniciativas sean vistas con cierta sonrisa en los labios. Claro está que no es un Mustang. De hecho solo se le parece en la apariencia y, lo más importante, en que ambos son aviones. Pero este aeroplano es diferente, muy característico e inconfundible. Tiene excelentes prestaciones y es ágil y divertido de volar. Es un avión con carácter que además, a buen seguro, se convertirá en “famoso” en nuestros aeródromos y entre los espectadores casuales. Así, que sin querer, también colaborará en algo tan importante como es el popularizar la aviación en España. En cualquier caso él cree que “los que piensen eso de que es una réplica con 1500 caballos menos, quizás sea porque tengan un poquitito de envidia (ríe)… Bueno sería su problema: yo estoy como ese niño al que le acaban los reyes magos de traer su primer regalo”.

Y ahí dejamos a José Luis, que aún no ha podido volar su avión en solitario. Seis años de esfuerzo y todavía se tiene que conformar con carretear por el aeródromo. Es patín de cola y la suelta lleva su tiempo. Pero le falta poco y cuenta los días para que su instructor de lujo, Pedro Nogueroles, le de la alternativa. Por ahora el avión solo lo ha volado Pedro, Ignacio Elduayen y Cástor Fantoba: un trío de lujo.