Viva Europa, sí, pero la nuestra

En contadas ocasiones, de hecho creo que ninguna vez, he reproducido íntegramente un texto ya publicado. El lector juzgará si esta ocasión le merece, yo creo que sí. Se trata de la editorial publicada por Gérard David, Presidente del influyente GFH (Grupo Francés de Helicópteros) y Presidente honorario también del Aeroclub de Méribel, el famoso altipuerto de los Alpes franceses, en la revista Piloter. El texto hace referencia a la situación de la aviación general francesa tras la entrada en vigor de la nueva normativa FCL europea. El títular no puede ser más descriptivo:

Viva Europa, sí, pero la nuestra, no la de ellos.

Dice así:

“La situación de nuestra aviación general es desesperada, y nos está forzando a todos a empuñar la espada de la rebelión, antes de que el próximo abril las leyes emanadas de los ‘profetas’ que se sientan en los escaños de Colonia nos coloquen definitivamente en fuera de juego, impidiéndonos disfrutar de nuestra pasión en nuestra propia casa. Baste un ejemplo: Un futuro ‘joven’ pensionista de 60 años, con 20.000 horas de vuelo, desde el Zlin al Boeing 737, pasando por el MS-733, Beech 58, Cessna 310, BN2, Twin Otter, Fokker 27, ATR42 y ATR72, Caravelle 10B3 y Boeing 727, comandante en todos los tipos mencionados, instructor de vuelo, examinador de pilotos de ATR, en la esperanza de poder seguir satisfaciendo su insana pasión por el vuelo, se acercó al Aeroclub más próximo a su domicilio con su licencia de ATPL en mano, con todas las habilitaciones en vigor y con el certificado médico de clase 1 válido.

En lugar de hacerle la ola y rogarle que extendiera su experiencia al resto de pilotos del Aeroclub, la secretaria del mismo se vio obligada (ley en la mano, siempre, no hay otra forma) a pedirle, para poder volar la Cessna 150 del Aeroclub, trescientos euros de inscripción, una visita médica privada, un curso obligatorio de un dia de duración sobre seguridad en vuelo, algunos circuitos con el instructor y el avión del club y, por fin, una verificación con el examinador del Aeroclub. La respuesta fue sincera y dramática: “Lo siento, pero creo que con todas estas complicaciones voy a dejar de volar”.

Por desgracia estas situaciones se dan más y más y esto sólo está empezando. La enfermiza obsesión/excusa de los burócratas europeos, que jamás volaron por ellos mismos, pero nos dan a todos ‘consejos’ obligatorios sobre seguridad en forma de leyes mortificantes, absurdas y sobredimensionadas, nos están arruinando la vida con el único objetivo, probablemente, de llevar la seguridad al 100%, esto es, todos los aviones en el suelo y bien atados.

¿Qué podemos hacer? Rebelarnos, no hay otra que rebelarse para vencer. Unámonos todos, pilotos, funcionarios, políticos y apasionados por el vuelo, sigamos el ejemplo de nuestros amigos ingleses que no se han adherido mas que a lo que creen sensato en cualquier campo, empezando por la no adhesión al tratado Schengen ni tampoco al euro y pasando por la normativa aeronáutica de la que toman, esto sí, esto no, mofándose de nosotros por lo bajini, que aceptamos sin chistar todo lo que viene de Colonia y Bruselas. Rebelémonos, y hagámoslo antes de que la puntilla que empuñan en aras de la falsa seguridad llegue a su objetivo: la defenestración de la aviación general en Europa”.

Francia no es España, es cierto que  el país vecino disfrutaba hasta ahora de mucha más libertad para volar, gracias al ‘periodo de gracia nacional’ del que disfrutaban, y por ello la nueva normativa ha caído como una losa. Aquí en nuestro país, con una gran y amplia tradición de burócratas y políticos especializados en conseguir la sumisión popular, nos han ido apretando las tuercas poco a poco desde hace ya muchos años, para que no se note, para que no nos rebelemos. Pero el resultado será el mismo: K.O. técnico.

No se cuál será la fórmula exacta de la rebelión, no se cuándo ocurrirá, no se si la empezaremos nosotros u otros, pero por si acaso tendré siempre los depósitos llenos de mi avión, por si hace falta, que la hará.

Buenos vuelos

Jorge Penalba