¡600 kg Über alles!

No es una opinión, es un hecho: el mercado global de aviones ultraligeros no ha salido de la crisis que comenzó en 2008, la demanda europea no ha recuperado el dinamismo de los años precedentes. Y lo que es peor, la previsión de un inmenso mercado norteamericano para los fabricantes europeos de la mano de la LSA (recordemos, 600 kg) se ha desinflado completamente y los fabricantes del este de Europa, que invirtieron masivamente preparándose para El Dorado, ahora están arrastrando los pies por el suelo. El mercado chino nunca terminó de liberalizar el espacio aéreo, ni nunca lo hará, China sólo mira a Occidente para vender sus propios aviones.

La edición de AERO de este año no ha podido más que reflejar esta situación. Con las honrosas y muy meritorias excepciones de Pipistrel y Tomark, poco, muy poco es lo que ha habido de nuevo y de bueno, en el sentido de que ha encontrado su lugar en un mercado paupérrimo. Y la lucha no es barata. La certificación conseguida por Pipistrel para su SW121 y de Tomark para su Viper SD-4 ha costado, según responsables de las compañías, no menos de cuatro años de trabajo y una inversión de casi 2 millones y medio de euros.

Otros no consigueron superar esta apuesta, como FlightDesign: el otrora líder estaba allí, pero en respiración asistida por sus propios distribuidores nacionales, pues la matriz está en suspensión de pagos.

Y aun así, la certificación a 600 kg no es tampoco la tabla de salvación, no hay mas que ver el ejemplo de los PS28-Cruiser, del CTLSA y del SportStar, que no han vendido mas que quizá una veintena de unidades como LSA.

Bien, pues la ofensiva para solicitar que se permita un aumento de peso a los 600 kg al despegue ya ha comenzado. No hay otra forma de recuperar la enorme inversión realizada por los fabricantes europeos, no hay otra forma de salvar la fabricación aeronáutica europea. Esta fue la propuesta de la LAMA (la asociación de fabricantes de aviación ligera europea) presentada en una de las conferencias de AERO.

Según los responsables de LAMA, sólo Francia y Bélgica se oponen a esta propuesta y por razones poco comprensibles pues sí apoyan el aumento del peso de los autogiros a 560 kg y de los aviones eléctricos a 540. Los representantes de EASA presentes en AERO mostraron su postura totalmente opuesta al aumento de peso a los 600 kg dentro de la categoría ULM, pero sin embargo sí se mostraron favorables en el caso de los autogiros o los aviones eléctricos. Sorprendentemente las autoridades noruegas declararon que ellos sí iban a permitir ese aumento de peso inmediatamente.

Sea como sea, lo cierto es que el debate está abierto. Si ésta será o no la tabla de salvación de los fabricantes europeos está por ver. Personalmente no creo que ésta sea la única razón para la escasa vitalidad del mercado. Antes bien opino que es la excesiva regulación, las innumerables trabas de todo tipo (legislativo, regulatorio, médico, de licencias, de mantenimiento) las que son culpables.

A los hechos me remito: independientemente de la economía (España tampoco es que estuviera muy boyante en los años 80 y 90 del siglo pasado), cuando el sector se estuvo autoregulando porque iba por delante de los legisladores, todo fue bien. Cuando los legisladores (los de aquí y los de allí) intentaron, sin conocimiento del sector, aplicar lo –poco- que saben sobre aviación comercial a la aviación general y deportiva, sin escuchar a los ususarios, sin atender a razones, aplicando métodos punitivos para obligar al sector a comulgar con ruedas de molino, todo fue a peor. Como dice la canción: Manolete, Manolete, si no sabes torear ¡p’a qué te metes!

Como un Miura en una cristalería, destrozaron todo a su paso en la carrera loca por regular y ahora, a su manera, están entonando el mea culpa, intentando, una vez más, deshacer lo que ellos mismos hicieron. Perdón, pero ya no me creo nada. ¿Quién es el guapo que recompone ahora tantos cristales rotos? Sinceramente, el hacer jarrones más grandes como prentende la LAMA no creo que vaya a cambiar nada.

Todo es más simple: Dejadnos en paz, dejadnos volar.

Jorge Penalba

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